Es hora de responder

Desde el exilio, un cubano siente cada ataque contra su tierra como una ofensa propia. El reciente informe del Departamento de Estado, Cuba, The Capital of 21st Century Communism, no es más que otra campaña de calumnias destinada a justificar nuevas agresiones. Frente a Rubio, Trump y su equipo, la respuesta debe ser la verdad: sesenta años de guerra no declarada con sabotajes, guerra bacteriológica contra cultivos y ganado, atentados a escuelas, diplomáticos y líderes, además del financiamiento a grupos terroristas como Alfa 66 y Omega 7. Mientras Cuba brindó solidaridad genuina a pueblos del mundo, Estados Unidos respondió con terrorismo de Estado. Es urgente alzar la voz con documentos y memoria histórica, porque estas campañas no son solo retórica: preparan algo peor.
Desde la distancia que impone la vida, donde el exilio económico se confunde con una nostalgia que quema, un cubano siente cada zarpazo contra su tierra como una ofensa propia. Hoy, más que nunca, es preciso hablar.
El Departamento de Estado de Estados Unidos publicó este 20 de julio el informe «Cuba, The Capital of 21st Century Communism». Vemos cómo el veneno de la manipulación no solo busca manchar una historia: busca preparar el terreno, allanar el camino a lo peor. Lo presiento en cada fibra del alma. Algo se está cocinando, y la calumnia es su primer pelotón de avanzada.
Frente a la nueva arremetida de personajes como Marco Rubio, ese que gateaba cuando Cuba ya soportaba el terror de Estado más brutal del hemisferio, o del propio Donald Trump y su secretario de defensa, no caben las medias tintas. La única respuesta posible es la verdad. Esa que está documentada con el sufrimiento de sesenta años, guardada en la memoria de los Órganos de la Seguridad del Estado y en el alma herida de nuestro pueblo.
Ahí están, imborrables, los testimonios de la guerra no declarada. Una guerra que no eligió el campo de batalla, sino que se ensañó con la vida misma.
Es en momentos como este, de infamia reciclada y odio tuitero, cuando debemos salirle al paso. No con un comunicado tibio, sino con un puñetazo de realidad. Una denuncia monumental, como la que días atrás presentamos contra el señor Marco Rubio por delitos de lesa humanidad. Y no deberíamos detenernos ahí; hay que ir más allá, pensar entre todos qué más hacer.
En los archivos de Cuba duermen expedientes enormes. He leído artículos y publicaciones en grupos y redes que gritan una verdad que ellos se empeñan en ignorar, y es necesario hablar de ello. Ahí está la guerra bacteriológica contra nuestra caña de azúcar, nuestro café, nuestro tabaco, el plátano en los años 70. La fiebre porcina africana que diezmó nuestro ganado. Y el dengue, usado como un misil biológico contra la población. Fue en los años 80 cuando atacaron centros escolares y círculos infantiles, buscando crear brotes de vómitos y diarreas con un doble y perverso objetivo: limitar a la madre trabajadora y colapsar la salud infantil. Para ello, no tuvieron escrúpulos en usar huevos de gallina como medios de cultivo, inyectándoles agentes patógenos y lanzándolos en patios, jardines y cisternas. Fue la intuición criminalística de nuestros hombres, el esfuerzo de muchos que en silencio lograron neutralizar aquello.
¿Quién recuerda los incendios y sabotajes? El Círculo Infantil Le Van Tang, la Escuela Primaria Valdés Rodríguez, donde intentaron volar una caldera de vapor. Los atentados y asesinatos contra nuestras sedes diplomáticas en España, Canadá, México, la Misión ante la ONU en Nueva York. El reclutamiento sistemático de traidores en altos niveles del gobierno y hasta dentro de los propios órganos de defensa, como aquel caso emblemático de un alto oficial de la inteligencia cubana que cambió de bando. Lo escuché muchas veces; se llamaba como un gran amigo mío, Florentino.
Y no hablemos solo de la inteligencia encubierta. Hablemos de las agresiones directas: el tiroteo a Boca de Samá, los ataques de lanchas de Alfa 66 y Omega 7 por todo el litoral norte, organizaciones terroristas paridas, financiadas y dirigidas por la CIA. Hablemos de los cientos de planes para asesinar a Fidel, a Raúl Castro y al canciller Raúl Roa. Esos relatos existen, con nombres como el caso Paty Candela; algunos se llevaron al cine y la televisión en películas o series.
Debemos impulsar una nueva jornada de denuncia, como en tiempos atrás, que retome estos miles de hechos. Mientras Cuba daba solidaridad sí, apoyando movimientos de liberación en Argelia, Siria, Angola o Vietnam con médicos, maestros y soldados, defendiendo soberanías sin ambición territorial, los miserables aliados de Occidente respondían con contaminación química, asesinatos políticos y terrorismo de Estado.
Sí, podemos decirlo con orgullo: Cuba apoyó a los pueblos que luchaban por su independencia, pero jamás con los métodos fascistas que hoy se nos quieren imputar.
¡Nuestra solidaridad fue y es defensiva!
Hoy la maniobra es grotesca. El personajillo de Marco Rubio, que cuando Cuba ya enfrentaba agresiones imperiales apenas gateaba, pretende erigirse en juez. El secretario de defensa, el propio Donald Trump, son la encarnación de una estructura corrupta y miserable que nos quiere presentar como la amenaza. Y hay que responder ya, sin demora, con publicaciones y debates. Creo que un libro o un informe como el de ellos de 500 páginas no alcanzaría, pero a pesar de su magnitud, hay que escribirlo y difundirlo con la velocidad que exige el peligro.
La historia nos respalda. Todavía viven y respiran héroes que fueron protagonistas de aquello. Tenemos la explosión de La Coubre, los crímenes de los alzados del Escambray, donde recuerdo que mi padre participó activamente en la captura de un alzado de nombre Beatón, historia que escuché en casa muchas veces. También sobran los hechos contra alfabetizadores y campesinos, el adiestramiento de torturadores en la tristemente célebre Escuela de las Américas, enclavada precisamente aquí, en esta segunda patria que me acogió como un hijo, Panamá. Sé que Cuba dispone desde hace décadas de vasta información que pocos imaginan; en algún momento hasta alertamos sobre un atentado que pudo costarle la vida al presidente Reagan, y Fidel se lo comunicó personalmente. Para quienes tienen oídos y no quieren oír, ese dato es un misil contra la farsa.
A mi juicio, lo que está ocurriendo no es solo una campaña. Es una señal. Es el trabajo de inteligencia preparatorio de una segunda ofensiva, quizás hasta militar, que busca una justificación. El recuerdo de aquel programa que sacudió a Cuba y al mundo, «La CIA contra Cuba» en los años 80 donde salieron a la luz pública 27 agentes infiltrados en los grupos terroristas que organizaban y planificaban acciones contra el pueblo cubano, y el caso de nuestros Cinco Héroes, están más vivos que nunca. Somos un país con razones poderosísimas para estar armados, entrenados militar, psicológica e ideológicamente. Pese a nuestros errores y decisiones equivocadas, la soberanía, la independencia y lo que queda de nuestro socialismo hay que defenderlo al precio que sea, con la fe y la voluntad que nos enseñó una legión de héroes anónimos que pasaron a la gloria, algunos en el más profundo silencio.
No quiero saturar, pero la lista sería infinita: los ataques a nuestros buques de pesca, el secuestro y asesinato de humildes pescadores desde los años 70… todo eso nos pasó.
Reitero y los invito a todos a alzar las voces, a escribir y debatir sobre esto, pues la necesidad es urgente. Sobre todo a los que más saben y pueden aportar. Porque los verdaderos terroristas que ponen en peligro la seguridad nacional de Estados Unidos y del mundo están en la Casa Blanca y en el Congreso, no en La Habana.
Es hora de actuar con la misma herramienta que ellos usan: la verdad sin anestesia. Que el mundo vea quiénes son y dónde están los fascistas. Cuba tiene la memoria, los documentos y los héroes vivos para desenmascarar para siempre a estos personajes. Algo están preparando, y la mejor defensa es un ataque de realidad, profundo, patriótico… y ya.
Diego Pérez
21 de julio de 2026