LA BITÁCORA NOCTURNA — Domingo, 16 de agosto de 2026
Buenas noches, Cuba. Hoy en Al caer la tarde pusimos a dialogar a dos cubanos, Javier Lopez y Ricardo Domínguez, sobre el cerco que se nos hace y sobre qué hacemos nosotros con él. La pregunta quedó abierta a propósito: ¿la unidad se protege resistiendo o se protege renovándose? Ustedes respondieron. Y respondieron fuerte.

Empecemos por la síntesis que la propia audiencia le puso al debate, porque hay comentarios que no comentan el segmento, lo continúan.
La socióloga Chávez de Castro escribió: «La resistencia da el tiempo; la renovación da el sentido. Sin la primera, no hay margen para la segunda; sin la segunda, la primera se vuelve costumbre y cansa.» Y añadió algo que merece quedar grabado: «La unidad no requiere uniformidad, sino capacidad de discrepar sin romper el tejido común.»
La Dra. Álvarez Bencomo fue en la misma dirección: «La unidad es el espacio donde cabe la discrepancia fecunda, donde dos cubanos pueden mirar el mismo cerco y ver ángulos distintos sin dejar de estar del mismo lado.» Y cerró con una imagen que resume el espíritu de todo el intercambio: «La Revolución no es un museo: es un río. Y los ríos no se defienden represándolos, sino dándoles cauce para que sigan fluyendo.»
Eso confirma algo: cuando Rico hablaba de renovar los instrumentos sin tocar los principios, no estaba proponiendo una tesis extraña al sentir del pueblo. Estaba nombrando algo que ya se pensaba en la calle.
Pero la audiencia no se quedó en la idea general. Bajó la renovación a casos concretos, algo que el formato de diálogo entre dos invitados no siempre permite hacer.
Leonardo Morales Pérez puso el ejemplo de los bancos: la conexión llega cada día cerca de las diez de la mañana, y aun así el horario de atención se mantiene fijo hasta la una de la tarde. Su pregunta es simple y es justa: por qué no ajustar el horario de trabajo al momento real en que llega la conexión, para cubrir las ocho horas completas.
Kenelmo Mena trajo el caso del aceite: se aprobó una ley de oferta y demanda, se disparó el precio, y antes de que las instituciones locales pudieran reaccionar con alternativas, ya el producto había desaparecido del mercado formal para reaparecer por WhatsApp a precios exorbitantes.
Y Yadira Segura fue directo al punto que más pesa en este propio programa: cuando circula una noticia falsa, las instituciones no salen a desmentir con la misma velocidad con la que el rumor se propaga. Contar primero, dijo, le quita herramientas al adversario.
Ese reclamo lo respondimos hoy mismo, sin saber que se estaba pidiendo: esta mañana, en A media mañana, desmentimos el falso comunicado que circulaba atribuido al MINEM sobre la supuesta salida simultánea de cinco termoeléctricas el primero de septiembre. No es casualidad, es la prueba de que la soberanía narrativa de la que habló Rico no es una tesis abstracta, es una disciplina diaria.
Ahora bien, no todo en los comentarios fue afirmación tranquila. Hubo también una advertencia que este espacio no puede pasar por alto, porque es la más difícil de las tres.
Merkiz Méndez planteó que, desde 2010, cada nueva transformación económica trajo consigo más carestía para una parte del pueblo, incluso cuando se anunciaba en nombre del socialismo. Por eso, dice, mucha gente asocia la palabra cambio con la palabra ruptura, y no es un malentendido: es una lectura construida sobre experiencias concretas.
Ahí está el verdadero desafío que le devuelve la audiencia a este diálogo. No basta con decir que la Revolución debe cambiar sus instrumentos. Hay que garantizar que quien más ha resistido sea también quien primero reciba el fruto de esa renovación. Si la transformación se percibe como algo que protege más al que ya tiene que al que más ha aguantado, entonces el miedo al cambio no es un problema de comunicación, es un problema de justicia distributiva. Y ese, más que ningún otro, es el punto donde resistencia y renovación de verdad tienen que ir tomadas de la mano.
Javier nos advirtió del cerco que viene de afuera. Rico nos advirtió del cerco que podemos construirnos nosotros mismos por miedo a cambiar. Ustedes, esta noche, nos advirtieron de un tercer cerco: el que se levanta cuando el cambio no llega parejo. Los tres hay que vencerlos juntos.
Gracias por seguir empujando este debate con la honestidad de quien quiere a su país sin dejar de exigirle. Seguimos, Cuba.
¡Nosotros Venceremos!