
Te conozco, reptil de la esperanza,
tú, que tienes el traje colgado en el perchero
y el corazón en el congelador.
Te veo allí, agazapado entre el trigo sucio,
masticando el silencio como un chicle rancio,
mientras la Patria se desangra en la vereda
y tú calculas la distancia exacta
entre tu cobardía y el bando que va a ganar.
No eres el que dispara, no.
Eres el que mira cómo se quema el bosque
para vender luego las cenizas al mejor postor.
Eres el bufón triste de la Historia,
el que espera que el último cañón se enfríe
para salir de tu madriguera de barro
a cantar el himno del que venció!
Y mentras tú, lamprea de salón,
te escondes en la yerba como una mala palabra,
la tierra tiembla bajo los pies de los que luchan,
… con tu reloj de oro,
cronometras la caída.
¡Qué miserable es tu paciencia de hiena!
¡Qué pequeña tu alma de funcionario del abismo!
Y luego saldrás a la calle,
con esa cara de no haber roto un plato,
a brindar por el nuevo régimen
con una copa de vino barato.
Dirás que siempre lo supiste,
que el barco se hundía por el peso,
y te colgarás la medalla
del que sobrevivió al incendio
sin haberse quemado un pelo.
¡Cuánta razón tenía el que dijo
que es mejor ser un perro callejero
que un cerdo agazapado en el suelo!
Pero te advierto, compañero de la nada,
que la historia no es un taxi
que se detiene donde tú quieres.
La tierra que hoy pisas y no defiendes,
mañana te pedirá cuentas.
No hay escondite en la hierba
cuando el viento de la verdad sopla fuerte.
Y gane quien gane,
Habrá oro para comprar el silencio,
siempre habrá una guitarra desvelada,
un pozo de luz en la memoria,
que te nombre traidor
y te escupa en la frente.
Así que sigue allí, agazapado, tonto…
esperando tu turno en la mesa del banquete.
Pero cuando pases la cuenta,
cuando el espejo te devuelva tu rostro,
sabrás que no fuiste ni vencedor ni vencido:
fuiste, sencillamente, el que no estuvo.
El que le da igual ver la Patria morir
y se guarda su propio oxígeno
para el último suspiro del amo.
Pobre animal noble y manso
al que con desmesura ofenden su existencia
cuando te llaman…PERRO!