
En julio de 2004 nació una iniciativa que cambió la vida de millones de personas en América Latina, el Caribe y más allá. Impulsada por los gobiernos de Cuba y Venezuela, bajo el liderazgo de Fidel Castro y Hugo Chávez, la Operación Milagro (también conocida como Misión Milagro en Venezuela) ofreció cirugías oftalmológicas gratuitas a quienes no podían costearlas. El nombre surgió de forma espontánea: muchos pacientes, al recuperar la visión, exclamaban “¡es un milagro!”.
El origen del programa
Todo comenzó el 8 de julio de 2004. Médicos cubanos de la Misión Barrio Adentro en Venezuela detectaron un alto número de personas con problemas visuales graves, principalmente cataratas, que las dejaban prácticamente ciegas o con severa limitación. Ese mismo día partió el primer vuelo humanitario con 50 pacientes venezolanos hacia La Habana. Al día siguiente, en el Instituto Cubano de Oftalmología Ramón Pando Ferrer (conocido popularmente como “La Ceguera”), se realizaron las primeras operaciones.
En agosto de 2005, en el poblado de Sandino (Pinar del Río, Cuba), Castro y Chávez formalizaron el “Compromiso de Sandino”. El objetivo era ambicioso: operar a unos seis millones de latinoamericanos en diez años, la mitad de ellos venezolanos. El programa se financió principalmente con recursos venezolanos (petróleo y apoyo económico) y se ejecutó con personal médico y tecnología cubana.
Cómo funcionaba el proceso
El sistema era integral y completamente gratuito para el paciente:
- Pesquisa y diagnóstico: Brigadas de oftalmólogos cubanos (y luego locales) recorrían comunidades, barrios pobres y zonas rurales. Realizaban exámenes de agudeza visual, presión ocular, refracción y otros estudios.
- Selección y traslado: Los pacientes aptos eran seleccionados. En la primera fase (2004-2005/2006) se los trasladaba en avión a Cuba, acompañados por un familiar. Todo el viaje, alojamiento y alimentación estaban cubiertos.
- Cirugía: Se trataban principalmente cataratas (opacidad del cristalino), pterigión (“carnosidad”), estrabismo, glaucoma y otras afecciones. Se utilizaron técnicas modernas como la facoemulsificación o la extracción extracapsular por pequeña incisión. Las intervenciones eran rápidas (a menudo de 10-15 minutos) y ambulatorias en muchos casos.
- Recuperación y seguimiento: Los pacientes recibían medicamentos, controles postoperatorios y, cuando era necesario, lentes. En Cuba se hospedaban en instalaciones preparadas para su recuperación.
A partir de 2006 se abrió una segunda fase más sostenible: Cuba donó e instaló centros oftalmológicos en varios países, equipados con quirófanos y personal cubano que formaba a profesionales locales. Así se redujo la necesidad de viajar a la isla y se fortaleció la capacidad de atención en cada nación.
Países que abarcó
La Operación Milagro se extendió a más de 30 países. Comenzó en Venezuela y Cuba, y luego alcanzó:
- América Latina y el Caribe: Bolivia, Ecuador, Guatemala, Nicaragua, Honduras, El Salvador, Panamá, Paraguay, Uruguay, Argentina, Colombia, Perú, Haití, República Dominicana, Guyana, Surinam, Granada, San Vicente y las Granadinas, Santa Lucía, entre otros.
- África: Angola y Malí, principalmente.
- También se atendieron pacientes de otras naciones de la región y algunos casos de Asia.
Para 2008 se había superado el millón de operaciones. Hacia 2011 la cifra rondaba los dos millones. Informes de 2014 hablaban de casi 2,6 millones de beneficiados en 34 países. Hacia 2019 se estimaba que más de 4 millones de personas habían recibido cirugía gratuita. En Venezuela sola se realizaron cientos de miles de intervenciones (algunas fuentes oficiales hablan de más de un millón solo en ese país).
Se instalaron decenas de centros oftalmológicos: más de 20 en Venezuela, 15 en Bolivia y otros en Ecuador, Guatemala, Uruguay (Hospital de Ojos José Martí), Haití, etc.
Impacto humano y legado
Historias de personas que volvieron a ver a sus nietos, a leer o a trabajar después de años de oscuridad se multiplicaron. El programa no solo devolvió la visión: también formó oftalmólogos, enfermeras y técnicos locales, y dotó de equipamiento a sistemas de salud públicos.
Aunque las cifras exactas varían según las fuentes y la transparencia de los datos se ha cuestionado en algunos momentos, el alcance humanitario es indiscutible. Millones de personas de bajos recursos, que de otro modo no habrían tenido acceso a una cirugía que en el mercado privado costaba miles de dólares, recuperaron la vista gracias a esta cooperación.
La Operación Milagro se convirtió en uno de los ejemplos más visibles de la colaboración médica entre Cuba y Venezuela en el marco de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA). Más de dos décadas después de aquel primer vuelo de 50 pacientes, sigue siendo recordada como un verdadero “milagro inolvidable” para quienes recuperaron la luz.