
Basado en la investigación publicada el 23 de septiembre de 2026 por Reed Lindsay en Belly of the Beast, en colaboración con Drop Site News y Miami New Times. El reportaje se fundamenta en entrevistas a cuatro de los cinco sobrevivientes detenidos en Cuba, autoridades cubanas, pruebas forenses, registros y testimonios de familiares y aliados en Estados Unidos.
Capítulo 1: El reclutamiento en las redes y el llamado a las armas
En noviembre de 2025, José Manuel Rodríguez Castelló, un camionero de 33 años residente en Nashville, Tennessee, navegaba por TikTok cuando encontró una transmisión en vivo de Raúl Quevedo, un cubano residente en Estados Unidos. Rodríguez, quien había emigrado de Cuba casi una década antes mediante una visa de prometido y obtenido la residencia permanente, guardaba un profundo resentimiento hacia el gobierno cubano. Quevedo, a través de su cuenta “La Nueva Cuba” —llena de imágenes de resistencia armada y una Cuba poscomunista, muchas generadas por inteligencia artificial—, denunciaba la situación en la isla. Rodríguez le envió un mensaje. Conectaron rápidamente. Según él, Quevedo lo invitó a Florida para conocer a un grupo de exiliados con ideas afines. “Estaban buscando personas con el valor suficiente para unirse a un levantamiento armado en Cuba”, relató Rodríguez.
Seis meses después, Rodríguez se encontraba en La Habana, bajo custodia, explicando cómo había llegado hasta allí, pero firme en su determinación de derrocar al gobierno.
Christian Ernesto Acosta Guevara, conductor de mudanzas en Austin, Texas, y también residente permanente, tuvo un camino similar. Contactó a través de TikTok con Pavel Alling Peña, ciudadano estadounidense naturalizado de 45 años en Florida, quien creó la cuenta “Movimiento Cardumen” a finales de mayo de 2025. Alling lo invitó a unirse y, más tarde, le habló de un grupo que se entrenaba para una “intervención militar” en Cuba. Acosta aceptó. En noviembre viajaron a una finca cerca de Fort Myers, Florida, donde había un campo de tiro improvisado entre cultivos y animales.
El plan: una chispa para la intervención
La noche del 24 de febrero de 2026, Rodríguez se unió a otros nueve hombres en un barco pesquero cargado de armas con destino a Cuba desde los Cayos de Florida. El objetivo era tomar una estación de policía, desencadenar una insurrección y provocar una intervención de Estados Unidos. “El plan de acción era sencillo: lograr que el pueblo cubano se levantara en armas, controlara una provincia durante 72 horas y solicitara una intervención militar del gobierno estadounidense”, dijo Rodríguez.
Según Leordán Enrique Cruz Gómez, el plan era tomar una estación de policía en Cárdenas, Matanzas, e incitar protestas. Las autoridades cubanas mencionan objetivos en Santa Marta y Varadero. Un contacto en tierra, Duniel Hernández Santos, fue detenido posteriormente. Cruz reconoció que diez hombres no podían declarar la guerra a un país, pero “sabíamos que la gente quería que algo sucediera. Quizás una chispa”.
Capítulo 2: El entrenamiento en la finca y las conexiones en el exilio
Los cuatro sobrevivientes entrevistados —Rodríguez, Acosta, Cruz y Conrado Galindo Sariol— afirmaron que la finca pertenecía a Maritza Lugo Fernández, activista cubana de larga trayectoria en Miami y líder del Partido 30 de Noviembre, organización con raíces en el Movimiento Revolucionario 30 de Noviembre “Frank País” de los años 60. Lugo negó conocimiento de la operación, pero confirmó que dio acceso a la propiedad a Amijail Sánchez González, uno de los participantes y cofundador de Autodefensa del Pueblo (ADP). Los registros muestran que Lugo poseyó la finca de 13 acres en LaBelle hasta 2024; luego la vendió, aunque mantuvo acceso. Ella afirmó que se usaba para cazar y practicar tiro de forma legal, no para entrenamiento militar.
Los líderes identificados por los detenidos fueron Roberto Álvarez Ávila (quien murió por heridas) y Cruz. Acosta también señaló a Sánchez. Los planes se mantuvieron ocultos por seguridad. En enero de 2026, los líderes pidieron a varios, incluidos Acosta y Rodríguez, que permanecieran en la finca mientras preparaban la embarcación. La pareja de Rodríguez, Yeni, contó que él salió de Nashville el 23 de enero diciendo que iba a un campamento; se llevó armas y revistas sobre armas. La operación fue “una completa sorpresa” para ella.
Galindo afirmó que fue obligado a participar tras ser amenazado; Acosta expresó arrepentimiento; Cruz se mantuvo comprometido con la “libertad” de Cuba, aunque cuestionó la lucha armada; Rodríguez se mostró desafiante.
Publicaciones abiertas y advertencias
El grupo no ocultó del todo sus intenciones. La cuenta de Cardumen publicó imágenes de rifles pidiendo fondos “para la libertad de Cuba” y anuncios de que estaban “muy cerca”. Videos mostraban a participantes con armas. Organizaciones vinculadas, como Partido 30 de Noviembre, ADP y Movimiento Escudo Cubano, abogaban públicamente por el enfrentamiento físico. El 5 de febrero, el presidente Miguel Díaz-Canel advirtió sobre planes terroristas preparados desde Estados Unidos.
Capítulo 3: El viaje y el enfrentamiento armado
Tras la puesta de sol del 24 de febrero, los diez hombres zarparon desde Marathon, en los Cayos de Florida, en dos embarcaciones. Llevaban, según autoridades cubanas: 25 armas de fuego (14 largas y 11 pistolas), unos 13.000 cartuchos, más de 100 cargadores, bombas caseras con fragmentos metálicos y pólvora, cócteles Molotov, chalecos antibalas, uniformes de camuflaje, cascos, cuchillos, equipos de visión nocturna, un dron, un terminal Starlink y suministros médicos. Una embarcación se averió a mitad de camino; trasladaron todo a El Tornado, una lancha de pesca Pro-Line de 24 pies registrada en Florida (FL7726SH).
Cerca de la costa de Villa Clara, al amanecer del 25 de febrero, la Guardia Fronteriza cubana los avistó. Hubo un enfrentamiento armado. Murieron a bordo o poco después: Ledián Padrón Guevara, Pavel Alling Peña, Michel Ortega Casanova y Héctor Duani Cruz Correa. Roberto Álvarez Ávila falleció días después por las heridas. Del lado cubano no hubo muertos; el oficial al mando resultó herido. Los cinco sobrevivientes fueron detenidos.
Los cuatro entrevistados afirmaron que no dispararon personalmente. Algunos dijeron que el primer disparo salió de su lancha.
Capítulo 4: Las entrevistas bajo custodia y las preguntas sin respuesta
En julio de 2026, los cuatro hombres fueron entrevistados individualmente en una residencia del Ministerio del Interior en La Habana, vestidos con uniforme naranja, en presencia del fiscal y del coronel investigador. Afirmaron haber aceptado voluntariamente y sin presión (algo no verificable de forma independiente). Acceso a abogados desigual. Ninguno mostró señales evidentes de coacción, aunque las condiciones de una entrevista en detención no son ideales. Sus relatos coinciden en el objetivo general y el enfrentamiento, pero divergen sobre financiamiento, liderazgo y grado de involucramiento de organizaciones de exiliados.
Raúl Quevedo, quien no embarcó, criticó la operación por falta de organización y planes de contingencia. “No era el momento adecuado… Siendo solo 10 personas, estás perdido”.
El quinto sobreviviente, Amijail Sánchez González, no fue entrevistado. Todos enfrentan cargos relacionados con terrorismo que podrían acarrear hasta 30 años de prisión.
Capítulo 5: Contexto y repercusiones
La operación se gestó en un clima de profunda crisis económica y humanitaria en Cuba, agravada por sanciones estadounidenses de “máxima presión”, según el reportaje, y amplificada por el flujo constante de imágenes desesperadas en redes sociales. Muchos en el exilio culpan exclusivamente al gobierno cubano. Las organizaciones involucradas o cercanas tienen historial de activismo anticomunista, algunas con posturas abiertamente a favor de la fuerza.
El incidente, apodado por algunos “Bahía de los Cochinitos”, dejó cinco muertos, cinco detenidos y más preguntas que respuestas sobre financiamiento, posibles apoyos y si las autoridades estadounidenses tuvieron conocimiento previo. Cuba ha solicitado cooperación del FBI. El reportaje destaca que, a pesar de la vigilancia, una embarcación cargada de armas y explosivos pudo zarpar desde Florida.
Este fallido intento de “encender una chispa” ilustra las tensiones persistentes entre sectores del exilio cubano en Florida y el gobierno de la isla, en un contexto de crisis prolongada y polarización política. Los sobrevivientes esperan juicio; las investigaciones continúan.